domingo, septiembre 01, 2013

Cada día

Cada día. Esa es la unidad de tiempo esencial. El pan de cada día. Eso es lo que hay que ganarse. Y por él se pide, no por el del mes que viene, o el del año próximo, en la única oración que (decía Simone Weil) puede ser compartida por cualquier ser humano. El sustento de hoy, no el de mañana: ésa es la meta de cada amanecer. Domar esta idea es conquistar la serenidad.

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martes, agosto 21, 2012

La brújula del tiempo

He disfrutado mucho estos días con la relectura de El libro del reloj de arena, de Jünger. Enlazo dos ideas: la arena se desliza en la ampolleta del reloj de arena, pero no desaparece. El tiempo, en el reloj de arena, se desvacence, pero no es aniquilado. Se enriquece en esa profundidad de lo incorpóreo que, en el vaso superior de la ampolleta, antes fue y ya no es, aunque no definitivamente. Eso ubica a esa idea del tiempo en el centro mismo de la vida, de la definición de la vida. Y ello mismo conduce a una segunda reflexión: el reloj no es en sí un instrumento agobiante de control. Quizá lo es en el contexto de los relojes mecánicos, propios del mundo automatizado, no humano. El reloj (un reloj de arena, de agua, de sol, los relojes elementales) también es un sistema de orientación. Una brújula. Esto lo entendemos hoy dolorosamente: nos han quitado el tiempo, nos han quitado la brújula. Estamos desorientados.

PS: para Gonzalo, con mi agradecimiento vergonzante.

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lunes, abril 23, 2012

Anarquismo

La lectura de un párrafo de Sobre el anarquismo de Nicholas Walter me ha llevado a bucear en algunos conceptos del anarquismo cristiano y el movimiento distributista americano, hoy centrado en dar la cara por los inmigrantes ilegales de la frontera Sur de EEUU. Las viejas ideas, las viejas ansias de libertad y de igualdad, han dejado sus cicatrices pero están más vivas que nunca. Tan vivas como siempre. No, no eran un sueño adolescente; eran los relámpagos que fueron alumbrando una cierta manera de vivir.

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sábado, marzo 10, 2012

Los halcones de la nada

Los halcones de la nada vampirizan la vida de los demás. No es infrecuente que ese espectáculo provoque la sensación de sentirse traicionado, defraudado; porque todo el esfuerzo por sembrar ideas y abrir espacios a la deliberación, el regalar conocimiento para ayudar a que todos puedan saberse iguales, al final es aprovechado, esquilmado por los listos de este mundo de esclavos mentales y traficantes de ideas de segunda mano. Sin embargo, esas plagas de langosta nunca logran arrasar con todo. Siempre dejan algunas semillas sin esquilmar, los mongoles no consiguieron borrar las mil y una noches de la memoria de Bagdad. Es cuestión de irse. Siempre es cuestión de irse. De recoger esas palabras-semilla que diría Emilio Lledó y buscarse nuevas praderas en las que acampar. Nuevos territorios en los que buscar. Nuevas tierras que cartografiar.

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lunes, enero 23, 2012

Algo más

No somos animales abandonados a la suerte y al propio esfuerzo. Hay más. Debe haber más. Valèry, Peguy, Lewis, Szymborska, Södergran, lo buscaron. Lo llamaron, por aproximación, gracia. La gracia. Todos eran poetas.

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domingo, enero 15, 2012

Don y carrera

Es importante intentar organizar la existencia en torno a un don, no alrededor de una carrera. De esta manera, siempre que se pueda desplegar ese don, la carrera, su ubicación funcional, es irrelevante. Basta con desarrollar el don que se posee en cualquier lugar.

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domingo, enero 08, 2012

Propedéutica callejera

Hace años, era yo muy tierno aún, al comienzo de empezar a darme cabezazos en las esquinas, alguien que ostentaba entonces un cargo político importante me llevó a comer marisco. Y en la sobremesa expuso un dilema del que todavía me acuerdo. Mi interlocutor, un viejo comunista español transmutado en socialdemócrata por, digamos, evolución sincronizada con el contexto, me explicó que antes de meterse a fondo en cualquier proyecto de carrera profesional o de definir una manera de andar por el mundo, es imprescindible aclararse con un asunto: ¿hay o no hay Dios? Una vez que se elige, esa opción va a formatear (me dijo) tus éxitos y tus fracasos. Todos los éxitos y todos los fracasos, pues ésa es la cuestión (me dijo) que va a definir el fondo de la existencia. Entonces, atribuí esa reflexión a un arrebato de misticismo cachondo propiciado por la mariscada y las dos botellas de alvariño que habíamos despachado a medias. Con los años, me he acordado varias veces de esa charla. Y creo que mi viejo amigo comunista llevaba razón: ése es el asunto. Ésa es la gran madeja a desenredar. Vivir con Dios, sin Dios o contra Dios define la manera de andar.

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jueves, septiembre 29, 2011

Humillaciones

Releyendo a Kropotkin, caigo en la cuenta de cuánto de contexto, de medio ambiente, de cultura, hay en las decisiones humanas y en el posicionamiento de los individuos, en sus decisiones. En sus Memorias de un revolucionario, relata la reacción de un hombre honorable ante la ofensa procedente de un ser superior, el zarevich: la única salida que tiene el ofendido (en este caso un noble sueco de la corte rusa) es confiar en que el ofensor se disculpará. Y da un plazo para ello: un día. El tiempo pasa, la disculpa no llega y lo único que puede hacer el hombre de honor es... pegarse un tiro. Hoy como entonces (Kropotkin relata hechos del último tercio del siglo XIX), las ofensas de seres superiores a las que no puede responderse en condiciones de igualdad forman parte de la rutina laboral de millones y millones de personas. A veces, alguien se pega un tiro. Por desesperación, no por sentido del honor. O el oscuro trabajador de cuello blanco irrumpe un buen día en la oficina y causa una matanza con un rifle de caza. Tampoco lo hace por honor. O todo sigue igual. Y tampoco hay honor en ello. O sí. Quizá el honor consista en resistir.

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domingo, mayo 01, 2011

Identidad y sentido del pudor

La necesidad de definir territorios compartidos entre los seres humanos occidentales ha llevado a crear zonas de vacío, áreas tabú, integradas en el concepto de intimidad-privacidad. Hay ciertas cosas sobre las que no se habla, sobre las que rige el manto del sentido del pudor. No se habla fuera del entorno íntimo de creencias religiosas, de preferencias sexuales, ni, en general, del relato personal de la propia existencia. Ese silencio parece haber sido entendido como necesario para construir la convivencia contemporánea. Y, de tanto no hablar de eso, da la sensación de que la identidad humana se fundamenta sobre el vacío. No. La identidad humana se fundamenta precisamente en aquello de lo que no se habla: las creencias religiosas (por supuesto, ahí entra la creencia en la no creencia), el modo de saberse en el mundo, la propia historia. Quizá sea bueno ir por la vida sin las banderas enhiestas, sin beligerancias, sin afirmación continua de las propias marcas de identidad. Pero también lo es no olvidarse nunca de mimar, de cultivar, esos territorios de lo privado, porque en esa penumbra florece la misma esencia de la libertad.

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jueves, diciembre 09, 2010

La siembra

Todo aporte a la mejora del mundo requiere de un periodo de germinación. Por eso, quienes se atreven a la generosidad de sembrar, pocas veces disfrutan del resultado del esfuerzo.

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domingo, octubre 17, 2010

La belleza del código

Estoy aprendiendo mucho últimamente del mundo hacker relacionado directamente con los lenguajes informáticos. Las webs más simples que he encontrado por ahí suelen ser, precisamente, aquellas que son escritas (no editadas: escritas en html o cualquier otro lenguaje) por sus mismos autores. Ellos mismos han escrito el código. Y suelen desechar el preciosismo, lo bonito; eso es superficial. La verdadera belleza está en la creación, en lo verdadero, en lo auténtico de una idea transcrita al código. La belleza hacker. Los demás, los no iniciados, usamos bonitas interfaces; quizá hermosas, pero no nuestras, no originarias de nuestra propia vida. Bajo este punto de vista, afirmar como divisa aquel eslogan ciberpunk español de querer construir un hermoso blog como parte de una hermosa vida encierra un significado verdaderamente profundo. Más allá de cualquier boutade a la moda, mucho más allá. Porque, efectivamente, escribir el código de la propia web, del propio blog, es expresar la propia vida.

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martes, agosto 31, 2010

La parálisis de la perfección

Sólo cuando se acepta que el mundo no es perfecto es posible intervenir en él. Sólo cuando se ven y se aceptan las propias imperfecciones se está preparado para la acción. La búsqueda de la perfección como condición previa al actuar puede llegar a convertirse en un veneno paralizante. Los absolutos estorban a la mejora del mundo.

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lunes, agosto 30, 2010

La sacralización del punto de vista

Quizá sea verdad que la postmodernidad inaugura la era de la soberanía del individuo. Pero el individuo, en general, especialmente el cansado individuo occidental, no ha querido gestionar esa caída de los absolutos, ha renunciado a vivir en un sistema de estrellas móviles, de referencias relativas. Y se ha escondido en el sí mismo, en la autorreferencialidad como única guía: ha cambiado unos absolutos por otros; los propios. De ahí que la sacralización del propio punto de vista se haya convertido en la gran plataforma de apoyo existencial del individuo. Se ve el mundo, entonces, únicamente a través del sí mismo: el mundo es malo si se mira a través de las propias miserias. Y, sin duda, el mundo es mejor, habitable, si la mirada, el punto de vista de los juicios, pasa a través de las propias virtudes. La gran consecuencia de esta segunda opción es que, entonces, es posible salir de la autorreferencia para mirar afuera y aprender a orientarse en un universo que quizá ya no tenga estrellas fijas, pero sí sistemas platenarios móviles, armónicos, útiles para existir.

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miércoles, julio 28, 2010

Salir de la selva oscura

Lograr hacer lo que uno cree que debe hacer es difícil. No tanto por los obstáculos exteriores, por las circunstancias, como por la desorientación, por la pérdida de norte, por la ubicación del destino, del punto de referencia, fuera de uno mismo. A veces por la renuncia a la propia soberanía a cambio de aceptación en la manada, de reconocimiento social. O por hambre de compañía, de amor. Por puro desvalimiento, también, tras sobrevivir al hundimiento del mundo. Puede ocurrir, como le pasó a Dante, que en la mitad del camino de nuestra vida, nos veamos en mitad de una selva oscura, por habernos apartado del camino recto. ¿Y qué es el camino recto? La honestidad más absoluta posible con las propias motivaciones, con los porqués más profundos de las acciones, de las omisiones, de las decisiones. Si no se purifica la intención, si no se destila el fondo de la voluntad, el norte no está claro. Se mueve, como una aguja imantada. Porque depende de fuerzas exteriores, del juicio ajeno. La libertad tiene que ver con romper cadenas, sí. Aquellas que impiden actuar honestamente. Especialmente ante uno mismo. Sólo si se es honesto consigo mismo se puede alcanzar la verdadera libertad. Que es el verdadero conocimiento. Es importante, pues, cuando se llega a ese grado de conciencia, dar un paso más. Echarse a andar. Actuar únicamente bajo el convencimiento de que, sea cual sea el juicio ajeno, uno hace lo que cree que debe hacer. Eso es la libertad.

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lunes, julio 19, 2010

Alergias

Las alergias son un fenómeno frecuente, se dice, en las sociedades opulentas, aquellas en las que la gente muere porque les sobra colesterol. Donde falta colesterol, donde hay hambrunas y pobreza, no hay alergias, se dice. También en lo espiritual son frecuentes las reacciones alérgicas, las estrategias desaforadas de defensa inmunológica, entre la gente que vive en el sedicente lado bueno del planeta. Eso que se ha dado en llamar el malestar de la cultura contemporánea va por ahí. Pero también hay manifestaciones de este fenómeno en lo cotidiano, especialmente en las ciudades, donde el aislamiento es más feroz que en lo que va quedando del mundo rural. La desazón en el mundo laboral, la disconformidad con el sistema de recompensas y sanciones, la amargura por la falta de reconocimiento individual no son más que eso: reacciones de una memoria inmunológica antigua. Gritos en la noche reclamando atención sobre el sí mismo, angustia por la pérdida de la identidad personal. Estamos dejando de ser personas porque ya no poseemos nuestra propia identidad; y la memoria espiritual-biológica se rebela contra eso. Como contrapeso a ese proceso de anomia, nos refugiamos en el espejo: nos miramos más que nunca a nosotros mismos, queremos asegurarnos de que seguimos estando ahí. Cuando se entiende que esas formas de egoísmo no son más que miedo a desvanecerse y desaparecer, esos seres encerrados en sí mismos ya no atraen sobre sí la reprobación, ni el juicio, ni la condena. Tan sólo la piedad.

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domingo, abril 25, 2010

No da todo igual

En estas últimas semanas he tenido contacto con tres textos que hablan de la muerte. Uno de ellos está en el Evangelio de Lucas, es uno de los relatos sobre el sepulcro vacío tras la resurrección de Jesús. Dos hombres misteriosos, de vestiduras deslumbrantes, (¿ángeles?) preguntan a las mujeres que han ido a cuidar del cuerpo de su maestro: ¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive? -Me gusta recordar ese pasaje en la mañana de Pascua, mi fiesta favorita de todo el año: hoy empieza todo, como en aquella película, como en aquellos textos de Bertrand Tavernier; el mundo tiene una segunda oportunidad. Justo lo contrario de lo que me pasa en Nochevieja, que siempre me sorprende con miedo de que se hunda el mundo, como creían los aztecas al periclitar cada gavilla de 52 años; aquello sólo era posible aplazarlo con sacrificios humanos.

El segundo texto es apenas una reflexión de Philip Roth en una de sus novelas, 'Patrimonio': casi lo único bueno que puede decirse de la muerte es que no sólo tiene que ver con la gente decente. También se lleva por delante a todos los hijos de puta de este mundo.

El tercer texto es la oración de Pericles por los caídos en el primer año de la Guerra del Peloponeso, tal como lo cuenta Tucídides: vivir en una comunidad que merezca la pena, que realmente valga la pena de verdad, es el único motivo del sacrificio de quienes murieron defendiéndola.

No tiene sentido buscar la interlocución de la vida donde no la hay. Pero cuando hay vida, vida humana, verdaderamente humana, la presencia de la muerte sirve para acotar los términos éticos de esa misma humanidad, para decir que la dignidad existe, que, paradójicamente, no da todo igual.

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lunes, marzo 15, 2010

Occidentales sin remedio

Marco Aurelio y Séneca y toda la tradición estoica ensalzan la serenidad de ánimo, básicamente como una consecuencia de la lucidez. Pero la lucidez deja como subproducto una cierta tristeza, una sensación de derrota ante lo inexorable. Sólo cuando esa tradición entronca con otra, la tradición judía de la promesa, brota en ese terreno la esperanza; y cuando esa esperanza se enraíza en el mundo, aparece la alegría cristiana como elemento vivificador de la serenidad de ánimo. De este melting pot nace la idea occidental de optimismo. Por eso, en Occidente, la serenidad de ánimo es directamente proporcional al optimismo; y por eso, cuando se pierde esa serenidad, aparece la tristeza. En las sociedades contemporáneas hijas de esas tradiciones hay un elemento disruptor que se llama estrés, inversamente proporcional a la serenidad de ánimo: por eso el estrés, como destilado final, deviene en pesimismo.

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sábado, enero 16, 2010

El odio pegado a la piel

Si se renuncia a activar las consecuencias del odio, si se renuncia a devolver mal por mal, el sentimiento de injusticia provoca una rebelión interna que puede matar. La única manera de quitarse el odio que ha quedado pegado en la piel es transformar la reivindicación en donación. Eso es rezar por los enemigos, y desde ahí se llega a la ética de máximos del cristianismo. Eso es hacer regalos, y desde ahí se llega a Nietzcshe.

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martes, diciembre 29, 2009

La levedad de una tormenta

Mirando la lluvia por la ventana, he visto un relámpago; me he metido adentro, asustado. Me dan miedo las tormentas. Me he acordado, no sé por qué, de que a Lutero también le asustaban. Si en aquella caminata por la campiña bajo los truenos y el aguacero le hubiese matado un rayo, nada sabríamos hoy de su voto de entrar en religión. Ni siquiera Lutero habría sido Lutero, ni sabríamos nada de él. Cada vida depende de cada instante, es presente continuo. Ahora bien, ¿qué vale mas, la vida de un caminante oscuro que cae fulminado por un rayo o la del hombre que abanderó la Reforma protestante? Todas las vidas valen lo mismo. Las diferencias están en las obras. Ni siquiera en el recuerdo de esas obras. En el actuar mismo.

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sábado, diciembre 19, 2009

Autoridad intelectual y personalidad moral

Koprotkin, en sus memorias, dice de Bakunin que su influencia se hacía sentir mucho menos como la de una autoridad intelectual que como la de una personalidad moral. La diferencia es sutil pero importante. Existe una diferencia esencial, no de grado, entre la razón y la pasión como motores de arrastre, como vectores de fuerza.

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