lunes, abril 23, 2012

Anarquismo

La lectura de un párrafo de Sobre el anarquismo de Nicholas Walter me ha llevado a bucear en algunos conceptos del anarquismo cristiano y el movimiento distributista americano, hoy centrado en dar la cara por los inmigrantes ilegales de la frontera Sur de EEUU. Las viejas ideas, las viejas ansias de libertad y de igualdad, han dejado sus cicatrices pero están más vivas que nunca. Tan vivas como siempre. No, no eran un sueño adolescente; eran los relámpagos que fueron alumbrando una cierta manera de vivir.

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jueves, septiembre 29, 2011

Humillaciones

Releyendo a Kropotkin, caigo en la cuenta de cuánto de contexto, de medio ambiente, de cultura, hay en las decisiones humanas y en el posicionamiento de los individuos, en sus decisiones. En sus Memorias de un revolucionario, relata la reacción de un hombre honorable ante la ofensa procedente de un ser superior, el zarevich: la única salida que tiene el ofendido (en este caso un noble sueco de la corte rusa) es confiar en que el ofensor se disculpará. Y da un plazo para ello: un día. El tiempo pasa, la disculpa no llega y lo único que puede hacer el hombre de honor es... pegarse un tiro. Hoy como entonces (Kropotkin relata hechos del último tercio del siglo XIX), las ofensas de seres superiores a las que no puede responderse en condiciones de igualdad forman parte de la rutina laboral de millones y millones de personas. A veces, alguien se pega un tiro. Por desesperación, no por sentido del honor. O el oscuro trabajador de cuello blanco irrumpe un buen día en la oficina y causa una matanza con un rifle de caza. Tampoco lo hace por honor. O todo sigue igual. Y tampoco hay honor en ello. O sí. Quizá el honor consista en resistir.

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lunes, julio 19, 2010

Alergias

Las alergias son un fenómeno frecuente, se dice, en las sociedades opulentas, aquellas en las que la gente muere porque les sobra colesterol. Donde falta colesterol, donde hay hambrunas y pobreza, no hay alergias, se dice. También en lo espiritual son frecuentes las reacciones alérgicas, las estrategias desaforadas de defensa inmunológica, entre la gente que vive en el sedicente lado bueno del planeta. Eso que se ha dado en llamar el malestar de la cultura contemporánea va por ahí. Pero también hay manifestaciones de este fenómeno en lo cotidiano, especialmente en las ciudades, donde el aislamiento es más feroz que en lo que va quedando del mundo rural. La desazón en el mundo laboral, la disconformidad con el sistema de recompensas y sanciones, la amargura por la falta de reconocimiento individual no son más que eso: reacciones de una memoria inmunológica antigua. Gritos en la noche reclamando atención sobre el sí mismo, angustia por la pérdida de la identidad personal. Estamos dejando de ser personas porque ya no poseemos nuestra propia identidad; y la memoria espiritual-biológica se rebela contra eso. Como contrapeso a ese proceso de anomia, nos refugiamos en el espejo: nos miramos más que nunca a nosotros mismos, queremos asegurarnos de que seguimos estando ahí. Cuando se entiende que esas formas de egoísmo no son más que miedo a desvanecerse y desaparecer, esos seres encerrados en sí mismos ya no atraen sobre sí la reprobación, ni el juicio, ni la condena. Tan sólo la piedad.

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miércoles, diciembre 09, 2009

Asuntos pendientes

Estoy leyendo ahora El Día D, la narración que hace Antony Beevor de la batalla de Normandía. Se nota que, como militar que es, le interesa el análisis técnico de la cuestión. Pero plantea con toda desnudez, a través de las historias de quienes participaron, especialmente las personas que no salen con nombre propio en las grandes monografías al uso, la ubicación forzada del ser humano al borde del abismo: el abismo de morir o matar. Sin alternativas. Pienso que cualquiera, yo mismo, hubiera podido verse en esa situación: es un asunto de mero azar estadístico-biográfico. Creo que esa cuestión, la de la II Guerra Mundial, ese mundo que hizo posible el exterminio de seres humanos en masa a escala industrial, con la mentalidad industrial de las cadenas de montaje, todavía no está resuelta. Da la sensación de que el mundo está sonado, se ha quedado sordo por el ruido de los cañones. Es posible que la aceleración del tiempo histórico haga más fácil olvidar, sobrevivir. Pero sigue viva la raíz que hizo posible institucionalizar la barbarie. Eso, todavía no está resuelto, no está pensado. Quizá porque ese drama se cerró en falso; había demasiadas cosas que callar, entre vencedores y vencidos. Y el mundo de hoy es su herencia. La herencia de nuestros padres.

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martes, noviembre 24, 2009

La ética de la elección

Dice el príncipe Kropotkin en sus memorias: "Cuando, en la primavera de la vida, tuve a mi cargo empresas de importancia y tratos con los hombres, y cuando cada error hubiera podido tener en el acto graves y serias consecuencias, empecé a apreciar la diferencia que existe entre servirse del principio del mando y la disciplina o valerse del común acuerdo". Aquí comienza la deriva de Kropotkin hacia el anarquismo: en su renuncia a mandar y en su elección de la búsqueda del acuerdo común. El arranque de su reflexión recuerda al que plantea Dante en su 'Divina Comedia': "A la mitad de nuestra vida, me vi en una selva oscura, por haberme apartado del camino recto". La gente elige. Toda ética con consecuencias es una ética de la elección.

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martes, julio 28, 2009

Estoy leyendo a Stieg Larsson...

Suelo leer a gente que lleva muerta mucho tiempo; de ordinario, siglos. A veces, muchos siglos. Me marea el volumen de publicación contemporáneo y necesito siempre ayuda, orientación. Gracias a una de esas ayudas, estoy leyendo a Larsson, que está muerto pero es de ahora. Es la primera vez en mucho tiempo en que me identifico con el texto de una novela contemporánea: describe una cotidianeidad urbana de la que participo. No hay más. Ni menos. Luego está la trama, sí, y sus presuntas fintas socialdemócratas (¿socialdemocracia es igual a sociedad de consumo? ummm... Interesante sospecha). Pero esos textos son de mi tiempo. Quizá en eso consista la postmodernidad: Millennium (voy por la segunda novela de la trilogía) no enseña nada sobre el ser humano; sólo describe lo que se ve. Lo cual me lleva a otra nanorreflexión: siempre he abordado la postmodernidad por su cara norte, por el análisis del lenguaje, por la hermenéutica de los textos, por la filosofía de la religión, por la levedad evanescente del discurso. Quizá todo sea más fácil: la postmodernidad es describir lo que se ve; sin más. Pero, ¿de verdad que no hay más? En ese caso, habría que ir más allá del pensiero debole. Porque esa posmodernidad tiene un sinónimo: lo políticamente correcto. Desde Baudrillard sabemos que el sistema integra a la marginalidad, desactivándola. Se me antoja que, en realidad, las novelas de Larsson se encuadran en el núcleo duro de lo políticamente correcto, de lo compartido sin cuestionamiento: quizá por eso están arrasando en el mercado, quizá por eso me resultan adictivas, quizá por eso son aptas para venderse (de hecho, es así) en un kiosko de prensa.

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jueves, junio 18, 2009

Los estados de la materia

Hay personas de naturaleza gaseosa, de efervescencia intermitente. Hay otras líquidas, adaptables a la forma del recipiente que las contiene. Otras son sólidas, que se rigen por el principio de Arquímedes: su empuje en vertical hacia arriba es igual al peso del fluido desalojado por su inmersión. La física y la biología, como ya intuyó Newton (incluso, antes, Pitágoras y, más tarde, Primo Levi) tienen mucho que ver entre sí.

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Mentalidades

La Historia de las Mentalidades existe, más allá de las monografías de investigación. Hace poco compartí mesa y mantel, en una cosa multitudinaria de tipo profesional, con una mujer ya entrada en años, antigua habitante de uno de los ahora míticos corrales de vecinos. Decenas de familias pagaban religiosamente un alquiler a la Casa de Alba, propietaria del inmueble, por vivir allí, hacinadas en lo que fue un palacio renacentista venido a caserón con goteras. La mujer relataba con un deje de orgullo y ningún atisbo de resentimiento sus recuerdos del día de la boda de la duquesa: fue un honor recibir en el corral las bandejas de pasteles que llegaron de parte de los novios, para celebrar el acontecimiento. Existen las mentalidades. Incluso, por encima de la conciencia de clase.

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martes, marzo 17, 2009

La mirada de los clásicos

Cuenta Salustio, en un excurso de La guerra de Iugurta, que buena parte de la población del norte de África procede del ejército de Hércules que, dispersado tras la muerte del héroe en España, se estableció, según naciones, en diversas partes del territorio. Los europeos de hoy todavía ven a África como la veían en la etapa de explotación colonial del siglo XIX, sólo que con sentimiento de culpa. Los esfuerzos por profundizar se encuentran con un hiato enorme que va desde la llegada del Islam a Mauritania a las primeras factorías costeras portuguesas. Quizá la mirada de los clásicos, como la de este texto escrito en el siglo I a. C., pudiera arrojar nueva luz para ver a África, ahora fuente migratoria, sin prejuicios.

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sábado, febrero 28, 2009

Honestidad y competencia

El discurso institucional, cualquier discurso institucional, ya no es capaz de sintonizar con la realidad cotidiana (Jovell). Los individuos inmigran hacia su propio interior una vez que se han roto los puentes de comunicación con la institución, cimentados un día sobre la confianza. La base de esa confianza es el contrato psicológico de los individuos con la organización: lealtad y eficacia a cambio de justicia y reconocimiento. Si esas expectativas no se cumplen, si esa esperanza falla, se rompe la confianza. Porque se han roto las reglas del juego. Es importante definir esas expectativas en un lenguaje común a ambas partes del contrato. De ahí que la verdad, la veracidad, tengan tanta importancia en este contexto. Todo esto va más allá de la cultura del pacto (Hobbes o Rousseau, da lo mismo), más allá del acuerdo. Todo esto contiene un núcleo ético que se articula en torno a las ideas de honestidad y competencia como matrices de la confianza. Se confía al máximo en alguien con un alto nivel de honestidad y confianza. No se confía nada en alguien que sea deshonesto e incompetente a la vez. Puede existir algo de confianza, aunque en grado insuficiente para desarrollar una cultura organizativa, en quien sea competente pero deshonesto y, también, en quien sea incompetente aunque honesto. El liderazgo es honestidad y competencia. Donde esos valores no se dan en alto grado, hay que recurrir a la amenaza, al poder, para evitar el caos. Ya no hay líderes, sólo carceleros (Nietzsche). Ese balance de honestidad y competencia incide directamente, automáticamente, en tres elementos de la vida de las organizaciones: el grado de compromiso de sus miembros con la misma, la calidad de las relaciones informales entre los miembros de la organización y el conocimiento de la organización por parte de sus integrantes.

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domingo, febrero 22, 2009

El rectángulo

Recuerdo que una vez, de estudiante en la Universidad, un profesor me llamó al despacho. Cogió un folio en blanco, dibujó un rectángulo y me dijo: "Ese rectángulo es la clase de mi asignatura. ¿En qué punto de esa superficie te ubicarías?". "Dímelo tú", respondí. "Fuera", dijo el profesor. "Tú no estás arriba ni abajo, delante ni detrás. Estás fuera del rectángulo. Así nunca te vas a integrar". Me lleva ocurriendo eso desde que me alcanza la memoria. Eso explica que mis relaciones con el poder, tenga la forma que tenga, hayan sido siempre simplemente taxonómicas, de mera curiosidad zoológica, sólo de interés deportivo. Eso es autodescartarse de cualquier carrera hacia la notoriedad social.

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domingo, enero 04, 2009

La función de los medios

Esta mañana escuchaba en el bar el análisis de la invasión de Gaza que elaboraban un camarero y un cochero, de los que pasean a los turistas. Entendí para qué sirven los periódicos: dan tema de conversación, suministran argumentos para tener de qué hablar.

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jueves, diciembre 18, 2008

Confianza y liderazgo

El liderazgo es una cuestión de confianza, no de poder. El poder sólo puede (Nietzsche) gobernar con la ayuda de carceleros. El liderazgo es un hecho moral, no una imposición. De ahí que se base en la confianza. Y, como todo hecho moral, remite insoslayablemente a determinados planteamientos éticos previos. Sin ética no hay confianza ni liderazgo. Sólo cárceles. Sólo poder. 

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lunes, diciembre 15, 2008

Los excesos de la moral

Hace poco, en un aquelarre prenavideño al que asistía por motivos profesionales, algunos de los comensales bienpensantes comentaban con preocupación las recientes algaradas callejeras de Grecia y otras ciudades europeas. Violencia antisistema, decían. Los jóvenes han perdido el rumbo, comentaban. Crisis de los valores, diagnosticaban. Precisamente, lo que ha incendiado las hogueras en las calles no ha sido una falta de valores. Más bien, un exceso de moral. De expectativas morales defraudadas. De rechazo ciego a la hipocresía social. Eso lo sabía bien Robespierre, el Incorruptible, al instaurar el régimen del Terror. Ese sabor del desencanto de quien ha creído en una idea hasta las últimas consecuencias lo conocen todos los revolucionarios consecuentes que han llevado sus propuestas hasta el extremo. Lo explica elocuentemente Camus en una obra de teatro, 'Los justos'.

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