miércoles, diciembre 23, 2009

El mal de las piedras

Fito Paéz llama a las catedrales en una canción ruinas del fracaso de Dios. A veces, esa ruina se acelera. Cuando llueve, hay piedras que chupan el agua. Se la quedan. Eso da una apariencia a los muros como de edificios reumáticos, a la espera de que un niño con un palo escarbe y abra un agujero. Ruinas, la gran metáfora de los románticos. Una ruina no es un escombro. Porque los escombros no tienen alma. Las ruinas siguen tieniendo algo de la vitalidad de la yedra que las recubre.

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martes, noviembre 24, 2009

La ética de la elección

Dice el príncipe Kropotkin en sus memorias: "Cuando, en la primavera de la vida, tuve a mi cargo empresas de importancia y tratos con los hombres, y cuando cada error hubiera podido tener en el acto graves y serias consecuencias, empecé a apreciar la diferencia que existe entre servirse del principio del mando y la disciplina o valerse del común acuerdo". Aquí comienza la deriva de Kropotkin hacia el anarquismo: en su renuncia a mandar y en su elección de la búsqueda del acuerdo común. El arranque de su reflexión recuerda al que plantea Dante en su 'Divina Comedia': "A la mitad de nuestra vida, me vi en una selva oscura, por haberme apartado del camino recto". La gente elige. Toda ética con consecuencias es una ética de la elección.

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lunes, noviembre 02, 2009

Resonancias

La ciudad de Oxirrinco siempre ha tenido para mí resonancias profundas y, a la vez, desconocidas: quizá sea la fonética exótica, quizá sea lo misterioso de su nombre (¡por fin, Parsons lo explica: la Ciudad del Pez Elefante!), quizá sea por ser el lugar donde han aflorado algunos de los testimonios escritos más antiguos sobre el cristianismo. La obra de Parsons es una historia de la vida cotidiana hilvanada a través de los papeles arrojados a la basura, conservados en los vertederos de la ciudad gracias a la sequedad del clima. Lo aleatorio de los materiales para construir el relato es en sí mismo una gamberrada inteligente: la historia no tiene guiones; es la vida de la gente, sin más. En ese libro aparece Basílides el gnóstico y la alusión al dios Abraxas... La misma atmósfera, los mismos referentes que la 'Fábula de Venecia' en la que Corto Maltés culebrea entre los sueños. La historia y los sueños. No son antitéticos. Se alimentan entre sí.

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domingo, noviembre 01, 2009

Porqués para un best seller

Tras insistentes y cualificadas recomendaciones, acabo de leerme 'Martes con mi viejo profesor', el best seller-historia testimonial-biografía de Morrie Schwartz, escrito por Mitch Albom. Me quedo con dos ideas: el sobrecogedor verso de Auden ("Amaos los unos a los otros o pereceréis") y la idea que expone Morrie como estrategia para sobrevivir a la presión obsesiva por lograr el triunfo social (sólo un corazón abierto hace que sea posible flotar entre los demás sin que, por arriba, te desprecien ni, por abajo, te envidien). He cotilleado por algunos blogs que comentan el libro; hay posiciones que van desde el arrobamiento hasta la crítica más dura. Pienso en los motivos que explican el éxito editorial de ese libro. Puede ser que hubiese pasado desapercibido sin la atención mediática prestada al caso de un hombre que se está muriendo de ELA y lo cuenta; el mismo Morrie habla de ello en el libro: acepta el circo televisivo como un pacto que le permite contactar con millones de seres humanos. Puede ser que exista eso que en Internet se llama la inteligencia de las multitudes, y que ese texto aplaque una cierta clase de sed. Puede ser, simplemente, una buena combinación de trabajo, mercado y azar. Pero el libro le habla a la gente que pertenece a una cultura concreta, de una época concreta. El que sea un best seller sólo indica eso, que se vende. Pero no categoriza su calidad. Ni para bien ni para mal. No tiene sentido juzgar un libro sólo porque se venda. O porque no se venda. Lo que me lleva de vuelta a la desorientación paralizante que experimento ante la inmensa oferta narrativa contemporánea: en ese terreno siempre necesito sherpas, guías que me orienten. Gente de la que me fíe. Semejantes.

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martes, septiembre 01, 2009

Volver al Este del Edén

Una buena relectura de Steinbeck siempre deja reflejos de plata: sólo se puede aspirar al bien cuando se ha dejado de aspirar a la perfección.

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martes, julio 28, 2009

Estoy leyendo a Stieg Larsson...

Suelo leer a gente que lleva muerta mucho tiempo; de ordinario, siglos. A veces, muchos siglos. Me marea el volumen de publicación contemporáneo y necesito siempre ayuda, orientación. Gracias a una de esas ayudas, estoy leyendo a Larsson, que está muerto pero es de ahora. Es la primera vez en mucho tiempo en que me identifico con el texto de una novela contemporánea: describe una cotidianeidad urbana de la que participo. No hay más. Ni menos. Luego está la trama, sí, y sus presuntas fintas socialdemócratas (¿socialdemocracia es igual a sociedad de consumo? ummm... Interesante sospecha). Pero esos textos son de mi tiempo. Quizá en eso consista la postmodernidad: Millennium (voy por la segunda novela de la trilogía) no enseña nada sobre el ser humano; sólo describe lo que se ve. Lo cual me lleva a otra nanorreflexión: siempre he abordado la postmodernidad por su cara norte, por el análisis del lenguaje, por la hermenéutica de los textos, por la filosofía de la religión, por la levedad evanescente del discurso. Quizá todo sea más fácil: la postmodernidad es describir lo que se ve; sin más. Pero, ¿de verdad que no hay más? En ese caso, habría que ir más allá del pensiero debole. Porque esa posmodernidad tiene un sinónimo: lo políticamente correcto. Desde Baudrillard sabemos que el sistema integra a la marginalidad, desactivándola. Se me antoja que, en realidad, las novelas de Larsson se encuadran en el núcleo duro de lo políticamente correcto, de lo compartido sin cuestionamiento: quizá por eso están arrasando en el mercado, quizá por eso me resultan adictivas, quizá por eso son aptas para venderse (de hecho, es así) en un kiosko de prensa.

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miércoles, mayo 20, 2009

Ponerse en manos de alguien

Confiar a alguien la propia vida es contarle nuestra historia. Es poner en sus manos el propio relato. Se le hace dueño de nuestra historia. Le contamos nuestra vida. Por eso es importante no regalar ese relato a cualquiera. Así, Jorge Manrique: "Yo no digo mi canción sino a quien conmigo va".

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jueves, mayo 14, 2009

Algo más que azahar

Dostoyevski ubica en Sevilla la acción de La leyenda del Gran Inquisidor, un relato estremecedor inserto en Los hermanos Karamazov. Escrito a muchos miles de kilómetros del escenario original, sólo hay un fallo en la descripción del ambiente: en primavera, más que a jazmín, en Sevilla huele a azahar. Por lo demás, el ruso lo clava: las mismas piedras, la misma gente, el mismo aire. El silencio de los corderos ante el poder y, también, el silencio ante el Hombre Tranquilo que hace aparición en la plaza y se enfrenta, sin un grito, a ese mismo poder. Que nadie que siga a su conciencia espere recompensa en esta tierra. Sólo un poco de compañía al encontrarse con otros nómadas, gloriosos expulsados de la vida, en las cunetas de los caminos.

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jueves, diciembre 04, 2008

Consejos

Una vez le dieron a Corto Maltés un consejo muy útil: "Nunca camines por el centro de una calle iluminada". Qué seguridad ofrece la penumbra. Aún ahora, cuando ya son menos frecuentes las madrugadas de comunismo tabernario, al salir de noche del trabajo, sigo mis habituales itinerarios de calles secundarias, y asumo, como un mantra corporal, meterme en las sombras de la acera. Sí, le dieron un buen consejo al viejo Corto. ¡Bendito Hugo Pratt!

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martes, agosto 26, 2008

Los caminos posibles

De todos los caminos posibles, el único viable, el único real, es el que, efectivamente, recorro. No hay más itinerario vital que el del presente. Las posibilidades son eso, sólo incursiones en el mundo de lo posible, no de lo real. La misma libertad, la misma vida, va abriendo y cerrando elecciones con cada paso que se avanza por el sendero. La única vida que merece la pena ser vivida es la vida existente, la que tengo entre mis manos, no la soñada, la perdida ni la añorada. Porque ésa es la única vida posible, que va siendo constantemente redefinida, modificada, en su misma unicidad. A eso quizá se le llame existir. En sentido profundo, no hay apuestas perdidas, elecciones equivocadas. Tampoco aciertos, éxitos, triunfos. Sólo existencia que, gracias a su construcción a través de la libertad, adquiere un sentido moral, precisamente, que da razón de ser a las decisiones, independientemente de su objeto. Tan en la raíz de las decisiones está la ética (y con ésta, la libertad), que, por mantenerla viva, a veces es necesario refugiarse en la locura. Así, Cervantes: ésa es la gran lección del Quijote. Los ecos de esta idea pueden rastrearse en quienes, como Dostoievski, Martín Santos o Trapiello, han leído despacio y con respeto ese libro.

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jueves, julio 17, 2008

Los ilotas

Steiner, al comentar las Notas de Eliot de 1948 sobre el concepto de cultura, habla de la reducción a la esclavitud de quienes cultivan las humanidades: son los nuevos ilotas de la palabra, sometidos a la gran ciencia-técnica, que acapara el 75% de las mejores inteligencias del mundo contemporáneo. Sin embargo, a pesar de la quiebra cultural, queda la libertad. Como instinto, más que como concepto. Como estilo de vida, más que como idea. Así, Zweig en su biografía de Erasmo, construye un bastión (la resistencia de Sabato) en torno a la condena al nomadismo (emboscarse, diría Jünger) de los exiliados de la inteligencia: no hay hogar sobre la tierra -dice- para el espíritu libre.

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domingo, enero 27, 2008

Sólo salvar un puñado de versos

Hace años (diez, doce o quince), asistí a la lectura de este poema en una de tantas cavernas urbanas. El autor, Evaristo Romero, me dio una copia en un par de folios mecanografiados. Me gustó el texto entonces. Y me sigue gustando ahora. Es un buen momento para sembrarlo en la red y salvarlo del crujido amarillo de la decadencia. Al autor de los versos, apenas lo recuerdo. No lo reconocería si me cruzase con él por la calle.

DEBO INVENTAR OTRO MUNDO

Mi nombre, oculto tras el velo fino del viento,
el viento de los días que pasan junto a la ventana
oculta tras los cristales de sol empañados
que tiemblan reflejos y miles de figuras errantes.
Mi nombre, de tiras y púrpura, manchado de eslabones
que cubren mis oídos y a tus ojos
y a las figuras que observas en la lentitud de mis pasos
que huyen a la locura tranquila y ágil
como una mariposa de viento silencioso
y oscura soledad tierna como la tierra tras la lluvia como
en el
Cementerio del Este de Londres,
morada de Carlos Marx y de sus huesos,
morada de Vera Jones y de comunistas olvidados,
y de un montón de muertos que agitan sus dedos
entre la maleza que cubre sus tumbas.
Y mi nombre flotando ante aquel funeral
que habita las sombras y cubre de arrugas
las manos que aplastan tantos sentimientos
que son las espinas que tuve en mis pies.
Y esperando la muerte me encuentro a mí mismo,
a la vida,
a mi nombre de enredadera osca y turbia que crece,
crece por encima de las nubes
y alza a Dios contra una estrella frágil como la Luna,
y se muere asfixiado de lodo de costillas,
y los ángeles, molestos, me nombran a gritos
y silban a coro la canción más triste que conocen
para hacerme retroceder a mi tumba donde encuentro
la paz y a mis hermanos.
Y en un puño alzado leo mi nombre con letras de tuétano
y la larga trayectoria de miles de viajes
donde encontré bosques y valles que fueron incendiados
por meteoritos arrojados por Lucifer
y por el mismo Dios que aplasté contra una estrella
frágil como la Luna.
Pero la Luna no se merece un incendio
ni la tierra seca que tengo en mis manos
porque no sólo alimenta a mi único enemigo
porque también es la breve esperanza que tengo olvidada
en las grietas que cubren las rocas de ese otro mundo
detrás del nuestro
que nunca existió.

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jueves, enero 03, 2008

La magia y los milagros

La magia es una torsión de lo natural. El milagro, una irrupción de lo sobrenatural. Harry Potter hace magia; los Reyes Magos hacen milagros. Steinbeck y C.S. Lewis conocían bien la diferencia.

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lunes, diciembre 24, 2007

Volver a la tierra

Volvamos. Regresemos a la tierra. Al palo sagrado (Mircea Eliade) que es el centro del mundo. Removamos los huesos (Clarissa Pinkola Estés). Gritemos con el aullido de Ángela de Foligno que retumba en los siglos desde 1291, aquella mañana en la ermita de Asís: por qué, por qué, por qué. Volvamos. Hay que recuperar el aire de los campos. En la naturaleza habita lo sagrado. Y en acompasar los tiempos a lo sagrado reside la plenitud. Por eso lo que más duele es el olvido, la ignorancia de los tiempos sagrados. Por eso, quizá, dice Shakespeare (Hamlet) que en Nochebuena las brujas pierden todo su poder para hacer el mal.

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lunes, diciembre 17, 2007

Atención

La vigilancia para no envilecerse, para no encanallarse en lo profesional ni en lo personal. Para ello, es imprescindible la reflexión, irse a lo hondo (Martín Garzo, san Juan de la Cruz), aunque sólo sea unos minutos al día, con un pensamiento o una lectura, con un gesto, aunque sólo sea el de dormirse agotado tras la jornada de trabajo acariciando los cantos de un libro sin abrir. La televisión de consumo encanalla; las intrigas en exceso, envilecen. Serenidad.

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lunes, noviembre 06, 2006

Lo que queda, lo que somos

Vivir como de propina, después de tantas cosas. Cuando la vorágine obliga a nadar en la superficie de las cosas, negando la profundidad de los buenos sentimientos. Cuando el cansancio es una humillación de la inteligencia. Cuando la sucesión de los días es un abandono, un alejamiento de no se sabe qué ruta hacia las Islas de las Especias. Cuando todo pesa tanto y nada pesa lo suficiente, es bueno escuchar la voz de los antiguos.
Ahora bien, ¿quiénes son los antiguos? ¿Tenemos lares, brujas, druidas, vírgenes sacrificiales, poetas sagrados? Qué nos queda, además de la ironía que un día fue una defensa y ya sólo es un veneno. Cómo limpiarse en un mundo que ha perdido su sentido de animal sacramental.
Queda la voluntad de no rendirse. No es más que el instinto, el aullido genético de millones de años atrás. Queda la luna, y el viento en la cara y las noches de lluvia. Tal como se ven, sin metáforas. Sólo con la belleza de las ruinas, que, como las estrellas, necesitan ser percibidas, como decía Rilke, para existir.
Quedan las fisuras de la armadura, las grietas del muro que revelan el incendio en el alma de al lado.
Queda el decente dominio del oficio. Un poco burgués, quizá. Pero quien tiene dificultades para llegar a fin de mes también posee la libertad del imprevisto homenaje a sí mismo mediante algún bonito lujo de pequeño burgués.
Queda una historia hermosa, quizá dos o tres al año, por contar. Queda un mes de cada doce, más o menos, para descansar y pensar. Sintiendo cómo la sangre fluye rápido, rápido, como en un zapping de televisión. Queda la voluntad de estudio, arrancada a la madrugada, que es el padre y la madre de todos los sabios. Queda la inteligencia, satisfecha de sortear las trampas cotidianas. El pitillo salvador, que te libró de volverte cada día un poco más canalla. Queda… No queda ningún verso fácil, ninguna moraleja feliz. Queda la supervivencia del no traicionarse. De apretar los dientes para no comer carne humana jamás. Queda el milagro de hacer magia con el mundo sin tenérselo que inventar. Queda, en el fondo, la obra de arte más difícil: bucear en la basura y, sin huir ni renunciar, saberse al final una sombra de algo que es casi humano y, a la vez, mucho más.

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