domingo, septiembre 01, 2013

Cada día

Cada día. Esa es la unidad de tiempo esencial. El pan de cada día. Eso es lo que hay que ganarse. Y por él se pide, no por el del mes que viene, o el del año próximo, en la única oración que (decía Simone Weil) puede ser compartida por cualquier ser humano. El sustento de hoy, no el de mañana: ésa es la meta de cada amanecer. Domar esta idea es conquistar la serenidad.

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domingo, octubre 25, 2009

Caminar sobre el alambre

A veces, cuando hay que cruzar un precipicio caminando sobre un alambre, no se ve el abismo. Esa ignorancia del riesgo es protectora. Se anda con la sensación de que alguien acompaña los pasos, que se dan exactamente donde, cuando y como se deben dar. Quizá por eso se estrelló contra el suelo el volatinero de Nietzsche. No por amar el peligro, sino por no caminar protegido por esa ignorancia providencial.

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sábado, febrero 28, 2009

Honestidad y competencia

El discurso institucional, cualquier discurso institucional, ya no es capaz de sintonizar con la realidad cotidiana (Jovell). Los individuos inmigran hacia su propio interior una vez que se han roto los puentes de comunicación con la institución, cimentados un día sobre la confianza. La base de esa confianza es el contrato psicológico de los individuos con la organización: lealtad y eficacia a cambio de justicia y reconocimiento. Si esas expectativas no se cumplen, si esa esperanza falla, se rompe la confianza. Porque se han roto las reglas del juego. Es importante definir esas expectativas en un lenguaje común a ambas partes del contrato. De ahí que la verdad, la veracidad, tengan tanta importancia en este contexto. Todo esto va más allá de la cultura del pacto (Hobbes o Rousseau, da lo mismo), más allá del acuerdo. Todo esto contiene un núcleo ético que se articula en torno a las ideas de honestidad y competencia como matrices de la confianza. Se confía al máximo en alguien con un alto nivel de honestidad y confianza. No se confía nada en alguien que sea deshonesto e incompetente a la vez. Puede existir algo de confianza, aunque en grado insuficiente para desarrollar una cultura organizativa, en quien sea competente pero deshonesto y, también, en quien sea incompetente aunque honesto. El liderazgo es honestidad y competencia. Donde esos valores no se dan en alto grado, hay que recurrir a la amenaza, al poder, para evitar el caos. Ya no hay líderes, sólo carceleros (Nietzsche). Ese balance de honestidad y competencia incide directamente, automáticamente, en tres elementos de la vida de las organizaciones: el grado de compromiso de sus miembros con la misma, la calidad de las relaciones informales entre los miembros de la organización y el conocimiento de la organización por parte de sus integrantes.

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Trazos de un esquema

Para recomponer una organización en torno al principio de confianza debe existir una jerarquía basada en el liderazgo técnico y moral, no en el miedo. Ese liderazgo debe ser integrador. Y debe diseñarse un sistema de recompensas transparente y basado en el mérito.

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lunes, febrero 16, 2009

Cosas que deben ser dichas

Acabo de terminar el ensayo de Jovell sobre la confianza. Me han llamado la atención varios elementos. Entre ellos, el sentido de virtud cívica como fundamento de la democracia. También, el fundamento aristotélico de las nociones de ética y virtud. Leerlo me ha situado a las puertas de resumirlo, de incorporar lo que entiendo es aprovechable para la situación en la que me desenvuelvo. Y no hay recetas con garantía de buen funcionamiento. La vida no tiene recetas, libro de instrucciones. Lógico. Toda esta idea de refundar el principio de confianza me recuerda a los arbitristas del siglo XVII español. Anónimos que se dirigían al rey o al valido de turno denunciando la corrupción, proponiendo reformas en la agricultura, el comercio o la vida política. Los arbitristas escribían protegidos por el anonimato, porque se jugaban la hacienda y la vida con sus escritos. A ninguno de esos escritos anónimos se le hizo caso. Más tarde, el Despotismo Ilustrado intentaría alguna de esas reformas, de la mano de la idea de razón y del centralismo de los borbones. ¿Sirvió para algo el trabajo que se tomaron los arbitristas? Esa pregunta no tiene respuesta porque no tiene sentido. No escribieron pensando en que iban a ser escuchados. Lo hicieron porque entendían que era un deber. Hay cosas que deben ser dichas. Por el viejo concepto del honor, por el mandato de la conciencia o por la tranquilidad psicológica de haber hecho lo posible por ayudar a remediar una situación lamentable. El comportamiento honesto tiene sentido en sí mismo. Eso es la ética.

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jueves, enero 29, 2009

Dónde buscar

Dónde están las raíces de la confianza. Paul Valéry decía que el corazón consiste en depender. Lazos. Convivencia. Debe ser algo más allá del pacto, del mero contrato. Algo más consistente que la idea de Rousseau. Porque el pacto no presupone confianza. Un pacto es un acuerdo mutuo sobre algo entre dos partes. De ese acuerdo se deduce que habrá una situación de ausencia de violencia. Pero eso no tiene nada que ver con la confianza. En la confianza hay un elemento afectivo. Pero, lo afectivo, ¿es electivo? De origen, no. Aunque Goethe habla de afinidades electivas. Sin embargo, lo afectivo, como base anterior a la confianza, se puede construir. Ello es posible porque la inteligencia no es sólo racionalidad. Se puede trabajar con instrumentos racionales para facilitar el surgimiento de elementos afectivos. Quizá el campo de trabajo sea la identidad: los rasgos que se comparten y los que se construyen para que sean compartidos, el proyecto. Bien. Dos puntos de apoyo previos a la afectividad, previos a la confianza. Uno: la identidad autopercibida y los rasgos que podrían permitir construir un 'nosotros'. Dos: el proyecto hacia el que se orienta esa primera persona del plural. Identidad autopercibida: qué dicen las personas, cada persona, de sí misma. De esas voces saldrán elementos comunes, que deben ser la base para identificar los puntos de referencia de una organización. De esos elementos comunes y de esos puntos de referencia debe nacer el proyecto que teje la trabazón.

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La nueva valentía

Confiar es un acto de valor, una actitud de asunción de riesgos. En este sentido, la confianza es una pasión. Es la nueva valentía. La osadía de atreverse a confiar. La conciencia de saberse en un salto en el vacío, esperando que la barra del trapecio va a llegar en su momento justo. La confianza del trapecista. El volatinero de Nietzsche: la confianza como virtud de señores- Por eso, los esclavos son desconfiados. La esclavitud del miedo. Hoy en día, la gente confía más en su perro que en su madre: ahí pasa algo. En las organizaciones, un elemento que fundamenta la confianza es la asunción, en los procedimientos de decisión, de iniciativas compartidas, que incorporan otros criterios además del propio. 

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Un comienzo

Llevo tiempo dándole vueltas a un proyecto: escribir sobre la confianza. Esa idea nace de un dolor: comprobar la degradación del ambiente profesional en el que paso la mayor parte del día. Siento cómo en el fondo de esa degradación, de ese aire viciado, hay un hecho esencial: ha quebrado el principio de confianza. Además, son tiempos en los que, en el ancho mundo, parecen ocurrir cosas relacionadas con algo parecido. La banca y la bolsa se fundamentan en la confianza. Es el viejo espíritu del primer capitalismo, que eclosiona allá por el siglo XV en algunas ciudades europeas. Pero, ante todo, aclararme sobre la quiebra del principio de confianza es una necesidad. Impostergable. Porque necesito, en el trabajo (afortunadamente, en casa sí se puede respirar), que el aire sea fresco. ¿Qué causa que se pierda la confianza? ¿Qué confianza? ¿Es lo mismo confiar en uno mismo que confiar en los demás? ¿Por qué hay personas, o momentos en los que, en general, las personas confían en ellas mismas? ¿Y por qué confían en los demás? ¿Por qué se defrauda la confianza? ¿Qué se siente cuando ya no se confía en alguien? Desencanto. Siempre es algo personal. Y no es un fenómeno intercambiable con la pérdida de fe. Se puede perder la fe en una idea. Incluso, en una persona. Pero no es lo mismo la fe que la confianza. La confianza siempre requiere de una persona. La fe puede ser inmaterial. En realidad, tener fe en una persona es fiarse de ella y confiar en ella. Tampoco es lo mismo confiar en alguien que fiarse de alguien. Veamos a dónde me lleva este sendero, este vericueto intelectual. Ojalá me ayudase alguien que entrase en el bar del Cóndor y me dejase alguna idea. Por empezar por algún sitio, he mirado en Google books (mañana iré a la librería) y la Wiki dice esto, aunque a mí no me acaba de convencer...

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jueves, septiembre 25, 2008

Es la ética, estúpido

La ética es importante en una comunidad, en una empresa, porque, cuando desaparece, el principio de confianza entra en quiebra; desaparece la noción de proyecto común, sustituida por la coexistencia de intereses particulares que recelan entre sí, y la máquina se atasca. Esa influencia de la ética sobre el principio de confianza se debe a que éste se fundamenta en las reglas del juego definidas por aquella.

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